La anunciada prohibición de los motores de combustión interna está llevando a las grandes empresas automovilísticas a una importante transformación de los modelos de producción tradicionales.
Como parte del Pacto Verde Europeo, el Parlamento Europeo aprobó recientemente el paquete «Fit for 55», que entre otras medidas prevé la prohibición de los coches endotérmicos a partir de 2035. La medida aún tendrá que ser debatida y votada por los gobiernos de cada país de la UE, que podrán hacer la prohibición más o menos gradual, pero la dirección hacia la desaparición de los vehículos de combustible fósil parece ahora bien definida.
Teniendo esto en cuenta, los principales fabricantes de automóviles llevan ya algunos años moviéndose para reorganizar por completo su producción y no estar desprevenidos ante la inminente transición a los coches eléctricos. El modelo de referencia para muchos fabricantes ha pasado a ser Tesla, una marca que para muchos se identifica ya con el coche eléctrico y que ha cimentado gran parte de su éxito en su capacidad para producir internamente todos los componentes más importantes del vehículo, minimizando así la dependencia de proveedores externos para el suministro de motores eléctricos, baterías y microchips, y logrando aumentar significativamente su capacidad de producción.
Aunque la empresa de en los últimos añosElon Musk ha corrido el riesgo de quebrar , esta estrategia de independencia productiva ha permitido una mayor innovación y un control preciso de los ciclos de producción, lo que ha llevado a Tesla a situarse entre las primeras empresas del mundo en términos de valor de mercado, incluso cuando sus acciones han sufrido numerosas fluctuaciones. Los demás grandes fabricantes intentan hacer suyo este paradigma de producción, por ejemplo, tratando de gestionar internamente la producción de baterías mediante la creación de filiales o buscando colaboraciones privilegiadas y directas con empresas con gran experiencia en el sector, una solución que también se está adoptando para asegurarse el suministro de componentes electrónicos con empresas como Qualcomm y Nvidia.
Los escenarios de reconversión a la energía eléctrica previstos por los analistas tienen fuertes repercusiones en toda la cadena de producción vinculada a la tecnología endotérmica. Por ejemplo, las empresas de la cadena de suministro verán cada vez menos empleados en el sector, aunque esto se compensará en parte con la contratación de figuras cada vez más especializadas. Además de la cuestión del empleo, otro aspecto a considerar en será el de las infraestructuras públicas, que deberán prever la construcción de un número de puntos de recarga muy superior al actual, que al mismo tiempo deberá apoyarse en un fuerte aumento de la capacidad de producción y distribución de energía eléctrica, haciendo uso de fuentes menos contaminantes. Por tanto, el camino hacia la transición a la movilidad eléctrica no está exento de dificultades y, como ocurre con todas las grandes transformaciones, los pasos no serán indoloros, sino que supondrán un cambio radical en uno de los sectores industriales más importantes.